DESDE EL FRENTE - El reciente acuerdo de cese del fuego entre Israel y Hezbolá, respaldado por EE.UU., Francia y el gobierno de Líbano tiene consecuencias que van mucho más allá de la interrupción (de momento sólo temporal) de las hostilidades. Si bien el grupo terrorista chiita aún mantiene cierta capacidad bélica, acusa una hecatombe a nivel militar de la que le tardará mucho tiempo recuperarse, y más bajo el atento escrutinio no sólo de Israel sino también de EE.UU. como controlador real de lo que suceda al sur del río Litani. Aunque no haya una "rendición" en términos militares tradicionales, para Israel supone una gran victoria, para el país y personalmente para su Primer Ministro, Netanyahu, quien refuerza su posición política interna y aleja el fantasma de su destitución por corrupción y/o por inacción para evitar el pogromo del 7 de octubre. Para Biden supone un colofón más digno que el que ha conseguido en otras áreas (especialmente en Ucrania) tras su mandato, a las puertas del cambio radical de signo que puede significar el retorno de Trump a la Casa Blanca. ¿Cuál puede ser el siguiente hito? ¿Será capaz Netanyahu de negociar la liberación de los secuestrados en Gaza?
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