A FONDO - Todo el mundo sospechaba que podría pasar que los talibanes se hicieran nuevamente con el poder en Afganistán, pero nadie soñó (quizás ni ellos mismos) que lo harían tan rápido y prácticamente sin oposición alguna. Después de 20 años de ocupación militar estadounidense y un desembolso billonario para construir un "estado moderno" (incluyendo un ejército de 300 mil personas), asistimos perplejos al colapso de lo que, según los expertos, siempre ha sido un "estado fallido" y un pantano que se ha tragado a todas las potencias que quisieron domesticarlo en el último siglo. De todos modos, como nos señala el analista de defensa Jesús Manuel Pérez Triana, no son posiblemente estos los mismos talibanes que acogieron a Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden hace dos decenios, aunque su filosofía de vida y disciplina religiosa es la misma: sólo que esta vez, quizás, sepan mantenerse al margen del terrorismo internacional, que es la principal causa de preocupación en Occidente. Los derechos humanos, sin duda, sufrirán un gran retroceso, pero quizás a un punto similar al de otros países a los que nadie invade.
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