FUERA DE FOCO, CON BRYAN ACUÑA - En el derecho internacional, como en cualquier sistema legal, rige un principio clave: la presunción de inocencia y la carga de la prueba recaen en quien acusa, lo que se conoce como actori incumbit probatio. Esto significa que un Estado, como Israel, no debería ser considerado culpable hasta que se demuestre lo contrario en un proceso justo. Sin embargo, en la práctica, especialmente en casos de alta carga política como los que
involucran a Israel, este principio se ve opacado por dinámicas mediáticas, diplomáticas y procesales que generan una condena anticipada.
En teoría, tribunales como la Corte Internacional de Justicia (CIJ) o la Corte Penal Internacional (CPI) exigen pruebas sólidas para condenar. Pero en la realidad, la opinión pública, los medios y ciertos actores políticos no esperan un fallo judicial. Desde el momento en que surge una acusación, titulares, redes sociales y discursos diplomáticos empiezan a construir una narrativa de culpabilidad que impacta la reputación de un país, aunque no tenga peso legal.
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